La escultura poética de Adolfo Schlosser (MNCARS)

Hasta el 16 de mayo se encuentra abierta en el Reina Sofía una exposición antológica del polifacético artista Adolfo Schlosser, austríaco nacido en 1939, afincado en España desde 1967, primero en Madrid ciudad y, pronto, en Bustarviejo, donde fallece en el 2004 y donde es enterrado.
La exposición recorre toda su trayectoria artística, centrada en la escultura fundamentalmente a partir de los objetos que se encuentran en la naturaleza:
“Piedras, maderas, corcho, cuerdas, resinas, barro, paja, troncos, ramas, hollín, pieles de cabra, convertidas en esculturas en las manos de Schlosser, evocan la naturaleza más primitiva en una exposición en la que amplia selección de obras permite examinar su evolución plástica a lo largo de los años, tanto en las esculturas, como en la obra sobre papel, tapices, instalaciones y material fotográfico y audiovisual. El planteamiento de la exposición ha sido muy ambicioso por parte de su comisario Francisco Calvo-Serraller que ha tratado de recoger todas las etapas creativas del artista.”

Fragmento tomado del comentario publicado en El País

He estado buscando fotografías de sus obras y, la verdad es que ninguna me convencía. Son pequeños, y grandes, objetos, que pierden mucho al verse en un único plano… La exposición hay que visitarla pues sólo así se pueden apreciar las obras que no han sido pensadas para las dos únicas dimensiones del plano.
Además de escultor, hizo sus pinitos con la música (con los objetos musicales construidos por él) y con la literatura. El museo ha publicado un librito con toda su obra literaria. Como esto sí se puede apreciar, en toda su dimensión en este soporte, transcribo un fragmento de su composición en prosa CANON (el número dos de los cuatro que componen esta obrita):

II

CUANDO CAYÓ una muy temprana nieve sobre el musgo de los tejados y amortiguó de modo tan particular todos los ruidos, hasta el punto que me agradaba escucharlos, pensé en la primavera. Los copos blancos y ligeros eran suaves como pétalos. Pero yo no sabía lo mucho que la primavera cambia. La primavera transforma los viejos árboles negros entre las casas… Es primavera, pero no sé lo claro que puede ser el verano. Pienso en el verano, sobre las colinas rojas al borde de la ciudad y en la hierba, que se encrespa tan verde sobre la tierra seca, en los niños ciegos, tomados de la mano en largas filas, tanteando y ascendiendo por las colinas rojas: pequeños rostros iluminados por el sol con los ojos cerrados. Pienso en un claro verano lleno de polvo rojo. Y cuando la nieve temprana cayó, pensé en la primavera y no supe lo claro que puede ser el verano y lo mucho que transforma la primavera.

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